Pizzeria La Briciola desde 1989
Pizzeria La Briciola desde 1989

Horario:

De Lunes a Sabado:

Mediodia:13,30-15,00

Cena:20,30-23,00

 

Cerrado por descanso personal:Domingo y Lunes noche

Pizzeria La Briciola

C/Olzinelles,19 (zona sants)

08014 Barcelona

TLF. 934321933

 

 

 

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Pino e Patrizio

 

Pino y Patrizio. Patrizio y Pino. La vida los juntó, todavía niños, con una calle de por medio en la frenética Milán. La familia de Pino venía de Calabria; la de Patrizio, de Nápoles. Desde la edad dorada de los balones, los separaron dos fuertes personalidades, como aquella calle separara sus dos hogares que habían buscado amparo en la prospera capital lombarda. Sus fuertes caracteres les unieron, pero los hicieron Vestir a uno los colores del Milán, y al otro los de l’Inter hoY sigue siendo lo mismo: Uno a en la cocina, otro en el salón, en disposición inversa a cuando coincidieron en un establecimiento de prestigio milanés, cuando Pino ejercía de «barman» y camarero y Patrizio entre hornos y cacerolas. Ahora, en la pequeña, cálida y hospitalaria trattoria-pizzeria La Briciola, han vuelto a cambiarse los papeles «porque así se dio desde el primer día», de aquel agosto de 1992, dice Pino, algo más locuaz.

Desde aquel día que abrieron Después de machacarse tres años haciendo unas 100 pizzas diarias en una cocina de unos pocos metros cuadrados en La Pulcinella, también en Sants  cuando se les formó una cola de 70 personas expectantes, La Briciola sigue su camino triunfal. Pino es algo Adriano Celentano su ídolo y Patrizio tiene un aire a Massimo Troisi, el protagonista de El Cartero de Neruda; parecido no casual porque es de su mismo pueblo, San Giorgio, y de sus escapadas adolecientes al sur recuerda las colectas que animaba su primo para juntar lo necesario para que Troisi pudiera hacerse tratar en Estados Unidos ese débil corazón que finalmente lo traiciono.

Aquel pasado de hornos y «tavola calda, iniciado a los 14 años, los ancestros y las preferencias culturales, parecen haberlo obligado a un rigor que la clientela agradece. «Aquí no hacemos la carbonara con nata y si alguien la pide así quizá se la haremos pero le diremos que no es una carbonara», apunta, aparentemente férreo Patrizio. «Nos ha costado mucho explicar que lo hacemos de una manera no por fanatismo ni arbitrariedad, sino porque siempre lo hemos hecho así», puntualiza con sabiduría partenopea. Recuerdo cuando empezamos  a hacer pizzas, en Pulcinella, la gente era Capaz de esperar una pizza casi una  hora; después vino la invasión de las pizzas rápidas y a domicilio y la gente  a los 15 minutos parece volverse loca. Peto sigo amasando y haciendo la pizza como siempre y superando todas las dificultades que tiene hacerla bien. -Porque, a pesar de ser algo aparentemente simple, una buena pizza es algo serio» ínterviene Pino, para quien, afortunadamente, su clientela cada vez va menos por las pizzas y más por el resto de la oferta, en la que los spaghetti-al tomate (pummarola, en napolitano) transportan a los paladares exquisitos y nostálgicos a recordar las amontonadas callejuelas meridionales. Ese gran sabio napolitano, transformado por propia voluntad de ingeniero electrónico de la IBM a estudioso de  filosofía y del filosofar napolitano, que se  llama Luciano De Crescenzo, decía acertadamente que el matrimonio entre la albahaca (basílico) y el tomate tuvo que tener una cama ideal en una cálida pizza, llamada «oro de Nápoles por el genial De Sica.

Aquí, en esta migaja (de allí lo de Briciola) de restaurante, algo más que oro napolitano brilla entre sus mesas, de mantel cuadriculado y limpieza absoluta. Los entrantes a base de charcutería italiana y todo tipo de pastas con su correspondiente-salsa y no con improvisaciones, hacen que esta prolongación de aquellos hogares inmigrantes cargados de hijos sea un éxito. Como también, el que se puedan disfrutar a precio razonable y no como sucede a algunos restaurantes italianos con humos en la cabeza los excelentes y desconocidos vinos italianos que aporta La Enoteca de Pier Luigi Galloni, quien me llevó por primera vez, cuando me habló de estos dos bravos muchachos (questi due ragazzi in gamba), que a finales de los 80 la casualidad los trajo a Barcelona, a la que adoraron para siempre y donde conocieron n dos hermanas barcelonesas que son hoy sus esposas, para volver a demostrarle al destino que no los hizo hermanos, pero que ya merecerían serlo.

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